Este pasado día de año nuevo, y para comenzar el año cargando las pilas y con energía, me di un “paseillo” hasta el pico Torres (2104m.) acompañado de mi hermano Emilio y pudiendo disfrutar de un día impresionante en el que la climatología era perfecta, la nieve estaba estupenda y la montaña mostraba su mejores galas…
Partimos desde Moreda de Aller por la carretera que nos lleva hasta las estaciones invernales de Fuentes de Invierno y San Isdro, dejando el coche aparcado en el estacionamiento de “La Raya“. Desde ese punto y una vez cruzamos la carretera, nos ajustamos las raquetas de nieve y comenzamos la aproximación al gigante de roca y nieve que se nos muestra al noreste de nuestra posición.
El paisaje es precioso, con una nevada importante que nos permite poder disfrutar de nuestras raquetas de nieve y coger una trayectoria casi en línea recta desde nuestro punto de partida hasta la base del Pico Torres. Durante la aproximación, vamos disfrutando del día así como entreteniéndonos con las huellas de Rebecos y zorrillos que serpentean en todas direcciones.
Una vez en la base del pico, me coloco los crampones, cojo mi piolet, y comienzo en solitario a realizar la ascensión por la pared Sur, al principio, la ascensión se hace un poco costosa debido a la dificultad de ir haciendo huella en una nieve que te hundía hasta las rodillas, no obstante, a medida que ganabas altura y te metías en el embudo que te lleva al collado que da acceso a la cima, la dureza de la nieve te permitía poder ascender casi en vertical con la ayuda de los crampones el piolet y las manos y sin mayores dificultades salvo las puramente físicas.
En el embudo me encuentro con un compañero de León, “Lucas” que había subido con los esquís de travesía, juntos nos echamos una mano y ascendemos juntos hasta la cumbre. Una vez en el collado solo queda subir una pequeña cuesta y torcer a la derecha por la cresta, en este punto hay un paso un poco complicado debido al hielo y donde te tienes que agarrar firmemente a la roca para evitar caer, yo aquí me llevé un pequeño susto al quedarme colgado cuando falló el puente de nieve que tenía bajo mis pies, no obstante estaba bien sujeto y pude sortear este imprevisto sin mas problemas. Una vez pasamos este punto solo nos quedan unos veinte metros de nieve por la cresta hasta llegar a la cumbre del Torres.
La vista, ahora en invierno, es absolutamente espectacular, puedes ver toda la cordillera nevada, desde las Ubiñas hasta los Picos de Europa, con todas las cumbres de un blanco inmaculado que hacen que la sensación ya de por sí emocionante de la cumbre se intensifique haciéndote disfrutar mucho mas del esfuerzo realizado y de la belleza de la montaña.
Una vez disfrutamos de las vistas, nos hacemos las fotos de rigor y descendemos hasta el collado donde el amigo Lucas se vuelve a poner los esquís y se pega una bajada por el embudo y luego por la ladera que me pone “los dientes largos” haciendome reflexionar a cerca de la posibilidad de empezar a ahorrar para comprarme unos la próxima temporada y poder disfrutar de las bajadas de un modo diferente.
Una vez que veo alejarse a Lucas, comienzo el descenso apoyandome en el piolet y en los crampones y llegando hasta la posición donde se había quedado mi hermano Emilio y donde aprovechamos para comentar las experiencias del día y tomar un pequeño aperitivo disfrutando del paisaje y con el que recuperamos fuerzas para retornar hasta el coche y coger el camino de vuelta a casa.
Para todos aquellos apasionados, el Pico Torres en invierno, es una de esas montañas que te permite en cuestión de tres o cuatro horas disfrutar de la mayoría de las sensaciones con una aproximación sencilla y preciosa, y una ascensión con algún que otro paso que te permite acelerar el pulso de tu corazón y soltar un poco de adrenalina que al fín y al cabo es lo que vamos buscando…